Fue allá, por el año 1998 que mi viejo decidió comprarlo. Tenía 20 mil km, impecable. Viajamos a varios lados, entre ellos Córdoba y Bariloche. Se bancó de todo: rutas en mal estado, ripio, piedras que daban duro contra el chapón (y yo las sufría como un condenado), etc. Y lo peor de todo, una piña muy grosa en la que nos salvamos de milagro (mi viejo nos estaba llevando al colegio y un pelotudo venía con todo por la derecha; alcanzó a volantear, sino no la contábamos).
Por eso quiero compartir esta foto de sus primeros años junto a mi, cuando era un pibe que recién empezaba a manejar. Trato de mantenerlo como nuevo, aunque siempre cuesta por una razón u otra.
Realmente espero tenerlo de por vida, aunque sea como segundo auto, ese que siempre nos dio tantas satisfacciones y nunca nos dejo colgados.
Abrazo grande!
Diego
